Colectivo de Intervención Fotográfica

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Encuentro Estado y represión / MOVAR
"Un genocidio silencioso"

Hay un pibe sentado sobre el borde de la silla, como si estuviera pronto para correr. Tiene un micrófono en la mano, y dispara conceptos e ideas como balas. Lo invitaron las pibas y pibes del MOVAR (movimiento anti represión), que el el fin de semana del 13 y 14 de mayo realizaron en la explanada de la Universidad de la República, el primer encuentro sobre estado y represión. Se llama Camilo Blajaquis y lo presentan como cineasta, poeta y villero.

Fotografías por Hiparkía , Luciérnaga
Licencia: Creative Commons

Hay un pibe sentado sobre el borde de la silla, como si estuviera pronto para correr.
Tiene un micrófono en la mano y dispara conceptos e ideas como balas.
Lo invitaron las pibas y pibes del MOVAR (movimiento anti represión), que el el fin de semana del 13 y 14 de mayo realizaron en la explanada de la Universidad de la República, el primer encuentro sobre estado y represión.
Se llama Camilo Blajaquis y lo presentan como cineasta, poeta y villero.

Alejado de la figura de la pornografía inspiracional que coloca a aquellos sujetos que trascienden el cantegril (o la villa) en el podio del éxito, de los pibes bien que zafaron del delito para convertirse en sujetos exitosos del neoliberalismo, nos cuenta en un relato en primera persona, de las violencias que son ejercidas todos los días y sin tregua sobre los cuerpos de las pibas y los pibes de las villas.

“Estoy acostumbrado a que se mueran mis amigos, y tengo la completa certeza, de que van a seguir muriendo”. Nos cuenta que la represión en los barrios es un genocidio silencioso, que aunque los villeros no marquen agenda en los medios, el gatillo fácil se sigue llevando pibes.

¿Y qué pasa sobre esos cuerpos, sobre los que privilegiadamente el estado imprime su violencia? ¿y, cuáles son las formas y ejercicios de esas violencias?
Camilo esboza una comparación, cuerpos flexibles y dispuestos como los de la danza contemporánea. Cuerpos a todo ritmo que sienten y experimentan la represión todos los días; que ya no tienen miedo ni lloran con el cacheo diario, ni con la paliza ni con el hambre en los barrios ocupados con rondas policiales permanentes; en el “vos no entrás”; en el que cambia de vereda cuando el pibe con la gorra se acerca; en los académicos que consideran fuera del lenguaje a los pibes que tiran 500 palabras por segundo… Las violencias simbólicas y estéticas generan más violencia que la violencia física.

Camilo cita filosofxs con una naturalidad y desparpajo que nos resultaría insoportable si se tratara de un academicx. Nos preguntamos por qué, y si la pedantería de la cita la permitimos en un villero como un acto de violencia simbólica más, entre aquellas que él está nombrando. ¿Por qué el psicólogo va a la cárcel? Nos cuenta de la la patologización del delito en la psiquiatrización de los presos como una naturalización de la exclusión. Nos habla en primera persona de su experiencia en la cárcel.
El 9 de junio de 2007 nevó en Buenos Aires. Él no lo vió, “un día antes, un psiquiatra me durmió durante 3 días por un desacato”.
La represión en las cárceles se presenta como patrimonio del servicio penitenciario y, aún así, el guardia y su violencia se presentan más humanizadas que la violencia del psiquiatra.

La violencia de la clase media sobre los pibes de la villa cuando se les pide un sentimiento moral que no se le pide a nadie más; una conducta ética que no se le increpa a nadie más como el: ¿por qué un pibe de la villa usa nike?
¿Cómo ingresa la clase media y cómo ingresa el pibe en la villa? Si los modos de ingreso difieren, la exigencia moral parece ser unilateral hacia las pibas y los pibes a los que se les niega aquello que se impone todos los días como el modelo de vida seguir: se les increpa cuando las formas de acceder a eso son calificadas de violencia ¿Y, en qué consiste esa violencia? ¿qué es lo que están gritando? ¿qué es lo que esos cuerpos flexibles están danzando? ¿Es posible vencer la memoria del cuerpo? ¿Por qué estamos pidiendo perdón por ser pobres?

¿Cómo surge el MOVAR (Movimiento Anti Represión)?
Afinidades.
Es la palabra que delicadamente elige una de las integrantes que forma parte del colectivo. Afinidades, ni militancia orgánica, ni unidad aplastante.
Un grupo de gente que comienza a juntarse para que se sepa en la calle y en las aulas que el avance represivo no para y que lo que se vivió como una victoria en colores pastel y colibríes simpáticos era solo una tregua en el avance represivo que no deja de avanzar.

Uno de los frentes en los que ese avance se evidencia es el proyecto de Código de Responsabilidad Infraccional Adolescente, el CRIA.
Sutiles formas de control y represión estatal hacia los catalogados por la prensa como los peligrosos, hacia los movimientos sociales que intentan disputar una mínima parte de lo real, hacia todo aquello que intente “poniendo el cuerpo” decir que queremos vivir otra vida, y que la queremos aquí y ahora.

El CRIA, es la expresión de aquellos acuerdos políticos que buscan implementar en los hechos, una baja de la edad de imputabilidad que no se aprobó en las urnas.

Deciden arrancar el 2017 con una actividad que sea más visible, poner en la calle, literalmente,la discusión que durante el 2016 se había llevado a facultades y liceos.
El objetivo del MOVAR no es ser un núcleo o una organización, sino empezar a juntarse y abrir los espacios de discusión y debate a quien se quiera acercar, porque la represión es hoy una institución.

Publicado el 1ro de junio de 2017
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