Colectivo de Intervención Fotográfica

42 años de lucha por verdad y justicia
Luisa

Sepelio de Luisa Cuesta

Fotografías por rebelArte
Licencia: Creative Commons

“Nuestros más antiguos nos enseñaron que la celebración de la memoria es también una celebración del mañana. Ellos nos dijeron que la memoria no es un voltear la cara y el corazón al pasado, no es un recuerdo estéril que habla risas o lágrimas.
La memoria, nos dijeron, es una de las siete guías que el corazón humano tiene para andar sus pasos. Las otras seis son la verdad, la vergüenza, la consecuencia, la honestidad, el respeto a uno mismo y al otro, y el amor.
Por eso, dicen, la memoria apunta siempre al mañana y esa paradoja es la que permite que en ese mañana no se repitan las pesadillas, y que las alegrías, que también las hay en el inventario de la memoria colectiva, sean nuevas.
La memoria es sobre todo, dicen nuestros más primeros, una poderosa vacuna contra la muerte y alimento indispensable para la vida. Por eso, quien cuida y guarda la memoria, guarda y cuida la vida; y quien no tiene memoria está muerto.
Quienes arriba fueron poder nos heredaron un montón de pedazos rotos: muertes aquí y allá, impunidades y cinismos, ausencias, rostros e historias emborronadas, desesperanzas. Y ese montón de escombros es el que nos ofrecen como tarjeta de identidad, de modo que decir "soy" y "somos" sea una vergüenza.
Pero hubo quienes fueron y son abajo. Ellos y ellas nos heredaron no un mundo nuevo, completo y acabado, pero sí algunas claves y pistas para unir esos fragmentos dispersos y, al armar el rompecabezas del ayer, abrirle una rendija al muro, dibujar una ventana y construir una puerta.
Porque es bien sabido que las puertas fueron antes ventanas, y antes fueron rendijas, y antes fueron y son memoria. Tal vez por eso temen los de arriba, porque quien tiene memoria en realidad tiene en su futuro una puerta.
Somos muchos y muchas los que al buscar la memoria estamos buscando partes de nuestro rostro. Quien nos pide que olvidemos, nos pide que sigamos incompletos, usando las prótesis que el Poder oferta.”

Subcomandante Marcos

Se fue Luisa con sus 42 años de búsqueda a cuestas. Nunca supo qué pasó con su hijo, y eso nos tiene que llenar de vergüenza, pero también de bronca. De vergüenza como pueblo, porque no pudimos anular esa ley que consagró la impunidad. De bronca porque les militares callan, ocultan, se ríen; porque los gobiernos y les polítiques han sido cómplices (por lo menos) del silencio y la impunidad; porque Mujica, Huidobro y “los pobres viejitos presos”; porque en las redes sociales se lamentan de la falta de verdad y justicia como si la responsabilidad fuera de otres, como si no dependiera de su voluntad política, de los pactos de silencio, de las transas.

Miles fueron a despedir a Luisa al Cementerio del Norte. En tu nombre decía un cartel pegado en el parabrisas del auto que trasladaba sus restos. En tu nombre es que habrá que seguir peleando por la verdad y la justicia. Ya es muy tarde, no supiste nada sobre Nebio, ni dónde, ni cómo, ni claveles. Ya es muy tarde, pero no es más tarde que nunca. Ya sabemos que del estado no habrá ni verdad, ni justicia, solo impunidad y silencio. Hay que seguir antes que sea demasiado tarde, que ya lo es, pero mucho más tarde. Nuestres viejes se mueren sin saber, y les viejes de mierda se mueren sin decir, sin condena, sin justicia. Ya es muy tarde, y por eso el momento es ahora. Nuestra memoria no olvida, nuestra dignidad no perdona.

Publicado el 24 de noviembre de 2018
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