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Colectivo de Intervención Fotográfica

Perros y gatos duermen alrededor del fuego temprano en la mañana, en la comunidad Chowayuk. //Tartagal, provincia de Salta, norte de Argentina. Cacique Eduardo Rivero, de la comunidad wichi Chowayuk, observa un campo deforestado en el que solían cazar. Mujer wichi de la comunidad Chowayuk. La policía llega a una protesta wichi contra la explotación de tierras protegidas por la Ley de Bosques. El cacique Eduardo Rivero (izq) y el cacique Juan Vega (centro), entregan una denuncia a la policía local contra la explotación de tierras que la Ley de Bosques declara propiedad wichi. Cacique Eduardo Rivero, junto a sus hijos menores. Paula Gomez, esposa del cacique Eduardo, junto a su hijo menor esperando a que pase la tormenta. El cacique Eduardo espera a que pase la tormenta dentro de su rancho en la comunidad Chowayuk. Dibujo dentro de un rancho de la comunidad Chowayuk. Dos de los niños menores de la comunidad Chowayuk juegan fuera de las tolderías. Vista aérea de zona deforestada, cercana a la ciudad de Tartagal.

La soja y los wichi en el norte argentino

Salta es una de las provincias con más altos niveles de deforestación del país. Según datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación la provincia ya perdió más de dos millones de hectáreas de bosques nativos. Afectando brutalmente a las comunidades indígenas que históricamente habitan la región, los pueblos wichi, chiriguanos, chane, chulupi, tapietes y chorote.

Fotografías por Sorgin
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Estos pueblos que hace cientos de años viven del bosque mediante una explotación sustentable de sus recursos han visto como su territorio ha disminuido a límites tales que muchas veces los llevan a la desnutrición crónica.

Argentina es actualmente el tercer productor de soja a nivel mundial, con una producción de 40,5 millones de toneladas anuales se encuentra por debajo de EEUU y Brasil (87,6 y 52,3 millones de toneladas anuales respectivamente). Hoy en día, la gran cantidad de tierra que se utiliza para plantar soja ha provocado el desmonte de áreas de recreo, forestales, frutales y se ha llegado a un punto tal que las empresas sojeras expulsan a los pueblos originarios y a los campesinos que laboran y viven en sus tierras desde varias generaciones.

Esta situación debería empezar a cambiar gracias a la nueva Ley de Bosques; impulsada por diversas ONG’s ambientalistas y organizaciones indígenas la Ley de Bosques fue aprobada el pasado 28 de noviembre de 2007 por la Cámara de Diputados Argentina, y aplicada a principios de 2009. La norma incluye la suspensión a los desmontes hasta que cada provincia realice un ordenamiento territorial de sus bosques nativos. Además, establece la obligatoriedad de efectuar estudios de impacto ambiental y audiencias públicas antes de aprobar un desmonte, y protege los bosques utilizados por comunidades campesinas e indígenas.

A pesar de ésta ley y la prohibición de deforestación las comunidades indígenas siguen viendo como sus tierras históricas se convierten en desiertos verdes.

Publicado el 16 de junio de 2009
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