Colectivo de Intervención Fotográfica

8 de marzo / Si paramos las mujeres, paramos el mundo
Desbordar el nosotras

Como colectivo de fotógrafxs nos pusimos a pensar qué hacer para el 8M y qué teníamos ganas de contar. En este caso queríamos salirnos del centro de la ciudad, ir al barrio, encontrarnos con otras, bañarnos de sus resistencias cotidianas y emocionarnos frente a esa forma de ponerle el cuerpo a la vida. Y también, proponernos a nosotras mismas, salirnos de la comodidad de la calle conocida, animarnos a correr el riesgo de sentirnos “de afuera” y tener el corazón dispuesto a ser recibidas. Y sobre todo queríamos marchar, queríamos marchar y no hacer fotos. Encontrarnos en la calle con otras desde ese lugar que demasiadas veces extrañamos: cantar y gritar con fuerza, saltar y caminar la calle de este lado y bailar, también bailar.

Fotografías por Luciérnaga, Sirena Negra
Licencia: Creative Commons

El 8 de marzo decidimos amanecer juntas en una misma casa. Sonó la alarma a las 8 y los cuerpos parecen despertar más lento que nuestras ganas. Estirarse, ir al baño, una de nosotras descubre que había comenzado a menstruar.

Mientras desayunábamos, tomábamos mate y nos preparábamos para salir para el CAPI (Centro de atención a la primera infancia) de la boyada a compartir el día con las madres de les niñes y con las trabajadoras de "Los Teritos"; una noticia caía muy pero muy pesada y nos quedaría atragantada por el resto del día: un nuevo feminicidio. Olga Acosta de 44 años fue asesinada por su ex pareja en su casa, pese a tener custodia policial.

Salimos a la calle intentando comenzar el día alertas de cuerpo para dejarnos atravesar por todo lo que pudiéramos vivir en éste día. Fuimos hasta la farmacia en busca de algo que bajara el dolor de ovarios y al pagar, mientras nos decían “feliz día”, nos regalaron un bombón con una notita (con forma de corazón) que decía: “las mujeres son las únicas capaces de pensar con el corazón, actuar por la emoción y vencer por el amor. FELIZ DIA!!!”...

Nos subimos al 137 pensando en que las mejores respuestas a estas cosas, las que desarticulan a quien nos coloca en ese lugar, las que nos permiten transformar esa molestia en alegría y fortaleza; siempre se nos ocurren tarde. Hay que entrenarse, eso es autodefensa también.

Solo deseábamos llegar al CAPI “Los Teritos”, para sentirnos en una “zona segura”.

Y así fue. Cuando llegamos estaba por comenzar la asamblea de mujeres integrada por las trabajadoras de "Los Teritos", las madres y familiares mujeres de lxs niñxs que allí concurren día a día, y alguna vecina que se arrimó porque quería compartir un espacio de mujeres en esta fecha especial.

Comenzamos viendo un video sobre la historia de esta fecha como disparador y luego se tiraron algunos puntapiés para iniciar la asamblea.

En general, a las mujeres nos cuesta tomar la palabra en los espacios colectivos, públicos, políticos; eso es parte de la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. Sin embargo, juntas empezamos a romper esos temores y comenzamos a sentirnos seguras, a hablar sin miedo y esa fortaleza después se expande a los espacios mixtos. El entre mujeres nos potencia. Encontrarnos en la diferencia, venir de lugares y de historias de vida tan distintas y sorpresivamente compartir nuestras preocupaciones y muchos de nuestros deseos. La energía iba creciendo y las compañeras que al principio pasaban de la palabra comienzan a pedirla, se entusiasman, nos sentimos seguras cuando escuchamos que a las otras también les suceden las mismas cosas y entonces ya no soy yo, sino que somos nosotras. La potencia se contagia y una compa le dice a otra, “te vamo´ a llevar al frente en la marcha a vos”.

Escuchar relatos que nos entristecen y también que nos emocionan, llorar sin vergüenza, abrazarnos y levantar el puño.

La asamblea, hacer juntas una canción al ritmo de la “ventanita del amor” y transformarla en una canción de lucha de mujeres, el almuerzo que les niñes y los compañeros varones prepararon mientras nosotras estábamos en asamblea, las canciones, la hora de la siesta y todo quedó en silencio por una hora...

Antes de ir para la marcha de 18 de julio marchamos por el barrio, tomamos La Boyada hasta camino Cibils sosteniendo a otras compañeras, a las figuras de feministas de antaño; a las que abrieron camino. Marchar en un barrio, olvidarnos de 18 de julio, de los lugares familiares, de la presencia de la prensa, de ese cierto anonimato que tiene la multitud y sentir otra potencia al poner los pies sobre el asfalto, porque acá a todas las conocen, las saludan, y hasta paramos en el almacén para cantarle las canciones nuevas a las vecinas…Y cuando pensábamos que para ir a la marcha del centro íbamos a ser bien poquitas, todas empezaron a llegar y eran arengadas por las que esperaban en la puerta la hora de salir para la marcha.
Nos fuimos en un ómnibus todas juntas, contando anécdotas, comiendo algo, ansiosas y emocionadas por llegar y ver qué estaba pasando en 18 de julio. Nos bajamos en libertador, con los carteles, los cochecitos, los bidones de agua, los instrumentos musicales y la letra de la canción que habíamos escrito juntas en nuestras manos (que apenas pisamos la calle Colonia empezamos a cantar). De ahí en más transcurrió lo que vivimos todas las que allí estuvimos.

Mientras estamos intentando escribir esto nos damos cuenta del desborde. Que estas mujeres, todas, de las que queríamos contar, tomaron por asalto nuestra vivencia, nos desdoblaron e invitaron de ese modo a que pusiéramos también el cuerpo y habláramos de un nosotras.

Publicado el 10 de marzo de 2018
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